Arte y Empresa. Vivir la inquietud

Mesa redonda moderada por la periodista Pilar González

Santander, 20 de septiembre de 2019. Recientemente las familias empresarias de la región han celebrado el vigésimo aniversario de la asociación cántabra de Empresa Familiar (ACEFAM). El tema escogido para esta efeméride ha sido “Arte y Empresa. Vivir la inquietud”. La inquietud es un elemento indispensable de la llama emprendedora, así como del afán por devorar arte. La inquietud está en la raíz del ánimo por descubrir y llegar más allá, pero además significa la zozobra o la duda, el vaivén y la tensión. La inquietud es tan propia del hacer empresa como de la entrega personal al disfrute del arte y la colección.

El arte es una suerte de mundo paralelo al de la empresa en el que habita “gente maravillosa” que llamamos artistas, personas con una visión tan distinta como enriquecedora. Tres empresarios de reconocido prestigio al frente de sus negocios, como José María Lafuente, Eulogio Sánchez y Santiago Vivanco han dedicado buena parte de su vida y de sus ahorros a adentrarse en esta “realidad paralela” y mirar al otro lado del espejo, como Alicia en el País de las Maravillas. La imaginación es muy buena para vivir en el mundo real afirman estos hombres de empresa, acostumbrados a meditar y analizar constantemente los riesgos y las cifras de sus inversiones.

El arte les ha proporcionado una “experiencia de vida”. Vivir esta “bipolaridad” es una suerte y una liberación. El trato con los artistas, la contextualización de las piezas o la lectura y la visita a los museos son elementos de una pasión que va más allá del mero afán por coleccionar. Dice Eulogio Sánchez que el arte contemporáneo ha influido en su vida porque le ha ayudado a no despreciar lo desconocido, a abrir la cabeza y no tener miedo de los que nos resulta oscuro. Se trata de no conformarse con lo obvio. Por eso le ha servido en su vida profesional para ver las cosas de otra manera y emprender caminos distintos a los de los demás. Afirma Santiago Vivanco que en su caso el arte le hace ser más humilde y más grande a la vez. Gracias al arte sigue creyendo en la belleza y el amor dentro de un mundo tan imperfecto.

No considerar el arte una inversión

La aproximación al arte no es una inversión. Por más que las subastas marquen hitos multimillonarios, los coleccionistas saben que esa no es la realidad de los enamorados del arte. De hecho, en ocasiones lo mejor es saber decir que no a una adquisición o alegrarse de no haber sido la última puja, por más que fuera la foto original del miliciano que cae abatido en la Guerra Civil realizada por Robert Capa en 1936. No es aconsejable entrar en el coleccionismo con el mero deseo de invertir o hacer patrimonio. La impronta de un padre coleccionista o la necesidad de decorar la primera casa propia pueden ser suficiente acicate para dejarse contagiar por este virus imposible de curar.

Sólo a veces el arte se convierte en algo profesional para los mecenas. Por ejemplo el Archivo Lafuente, que se constituye como una empresa con su presupuesto y su plan de inversiones, aunque no sea un generador de ingresos. Es algo muy distinto de la pulsión personal del coleccionista que se deja llevar por su intuición y su deseo. Este archivo, esta joya internacional sita en Cantabria, tiene un método. Se mueve con el criterio de una decena de profesionales que buscan dar sentido a una colección y hacerla crecer dentro de un contexto y en una línea artística muy definida y muy reflexionada.

La otra experiencia puede ser el Museo de la Cultura del Vino de la familia Vivanco. Un lugar único, el mejor museo del mundo en su ámbito, pero si acaso un templo no apto para cualquier tipo de público precisamente porque no es una cava de degustaciones, sino un lugar de arte y cultura. El museo Vivanco también es una empresa que cuadra sus presupuestos después de muchos años de continua apuesta. Hoy es la marca distintiva de la bodega, es su seña diferenciadora, una rareza exquisita que da sentido a un proyecto de familia y empresa.

Santiago Vivanco, Eulogio Sánchez y José María Lafuente hablan sobre Arte y Empresa.

Apoyos institucionales

Los empresarios no evitan hablar de los apoyos institucionales al arte. Pocos. Sin embargo, Santander reluce como “rara avis”, en parte por un importantísimo sustrato cultural que arrancaba hace cien años en la ciudad y que dio lugar a buques insignia como la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, la Escuela de Altamira, la Galería Sur o el propio Ateneo. Santander aguanta como ciudad cultural y los mecenas celebran no sólo el convencimiento de sus regidores que han apostado por la cultura como eje de desarrollo internacional, sino también la audacia privada de familias como los Botín que han legado a Santander proyectos tan transformadores como el Centro Botín o el proyecto Pereda, “un regalo de los dioses” en palabras de Eulogio Sánchez.

Estos son dos de los ejes de una nueva urbe de la Cultura a la que se sumarán otros atractivos como el propio Archivo Lafuente, que será un centro asociado del Museo Reina Sofía, el renovado Museo de Arte de Santander y también la colección Enaire en Gamazo. Algo impensable en una ciudad de 170.000 habitantes.

“Educación y lluvia fina”

Sueñan estos empresarios con una juventud santanderina que se eduque y se desarrolle imbuyéndose de todo este arte, abriendo su imaginación, alzando la mirada y sintiéndose como en casa cada vez que viaje por las grandes ciudades del mundo. El arte puede propiciar aquí una nueva ciudadanía. Será una cuestión de educación sin prejuicios y lluvia fina, según José María Lafuente.

Santiago Vivanco recuerda que el arte requiere tiempo y paciencia porque tiene su propio lenguaje con el cual hay que familiarizarse. “Lo que entra fácil sale fácil” abunda Sánchez, quien insiste en el placer de desentrañar el arte y la potencia transformadora que tiene esa manera de disfrutar en el individuo. Lo malo es entender las cosas a la primera. El arte conecta con recovecos del cerebro donde evoca recuerdos y sentimientos, “tiene algo que te toca y te atrapa”. Pero ver eso rápidamente es muy difícil, prácticamente imposible.